Un trabuco

Extracto de Memorias de un disco duro, de Wilson Montoya.

Un trabuco es un arma muy extraña. Mezcla de trompeta y escopeta, tiene en su parte delantera una abertura que desconcierta por completo al incauto.

En un primer momento, no sabe si le apuntan con un arma de fuego o con un instrumento musical. No sabe si será la víctima de una serenata in promptu o de un crimen pasional.

Pero la equivocación dura muy poco. Muy pronto la víctima comprende que la música viene de otra parte y que el solaz será momentáneo, pasajero, fugaz.

Más tarde, alguien encontrará el occiso y llamará a la policía. Más tarde el teléfono interrumpirán el almuerzo del forense y éste tendrá que juntar sus bártulos y prepararse una vez más a interpretar la trayectoria de los perdigones y las salpicaduras de sangre y las marcas en el suelo y en las paredes y en el rostro del cadaver.

Extrañamente, habrá una sonrisa en la expresión del muerto; detalle que el forense no podrá explicar y que lo atormentará por meses… hasta que una noche cualquiera, encontrará que alguien lo espera en la sala de su casa y que (casualmente) le apunta con un trabuco.

Y mientras tanto en el stereo, a todo dar, se escucha la obertura de Cavalleria Rusticana.

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